Weigand y su paso por las selecciones argentinas menores

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El actual jugador de Deportivo Viedma es uno de los platenses con mayor cantidad de títulos y torneos como jugador de la selección argentina de menores, al haber conseguido dos títulos (Sudamericano de Cadetes 2001 y Sudamericano U21 2004). Además, el formado en Universal fue parte importante del equipo nacional que fue sexto en el Mundial U21 disputado en nuestro país en 2005, y contó lo que fueron todas sus experiencias con la celeste y blanca.

|Foto: Marcelo Figueras

¿Cómo recordás tu paso por las selecciones menores?

Es de lo mejor que me ha dejado la carrera. Siempre representar al país es un poco cumplir el sueño del pibe, más nosotros que crecimos viendo a la Generación Dorada, y creo que fue un proceso hermoso. Lo disfruté un montón, no solo en lo deportivo, porque en ese momento no tenía idea de que me iba a poder dedicar a esto. Un poco también era el objetivo, y cada experiencia en cada concentración y en cada torneo la disfrutaba al máximo, más allá de que era duro porque había que competir por el puesto, en muchos casos con compañeros que a la larga se terminaron haciendo buenos amigos. Eso siempre fue una parte linda también, la competencia sana que es lo lindo que tiene el deporte.

¿Qué recordás de las concentraciones?

Me acuerdo de todo, nosotros concentrábamos bastante tiempo en el CeNARD, hemos llegado a estar casi cuarenta días entre torneo y concentración, viéndonos las caras los mismos y entrenando doble turno casi dos horas y media. Me acuerdo una época que el CeNARD estaba lleno de disciplinas, que estábamos todos parando y no había cancha, y Rubén (Magnano) y Duró se entrenaba mucho tiempo, así que teníamos entrenamientos cerca de las siete de la mañana y bien tarde a la noche. Llegaba un momento que nos levantábamos y no sabíamos si era la mañana o la tarde. Yo nunca lo sufrí porque siempre me gustó mucho y era exigente pero muy divertido, el objetivo final siempre valía la pena.

¿Cuál creés que fue tu mejor torneo a la distancia?

Tengo un buen recuerdo de casi todos los torneos en general. En lo personal, uno de los torneos en los que quizás más protagonismo tuve, porque en algunos tenía más y otros menos, aunque lo importante era estar, fue un Sudamericano de Cadetes en Bogotá. En ese torneo teníamos muy buen equipo y lo ganamos muy bien, con Treise, Ferreyra, Giorgi, Rivero, Zago, teníamos muy buen equipo. En realidad yo era un año más chico que la camada que jugó el Mundial Sub21 que jugamos en Argentina. Ese torneo fue insuperable, era un poco para lo que nos empezaron a preparar casi cuatro años antes. La primera vez que tuvimos una concentración fue cuatro años antes del torneo, en cuanto se supo que se iba a jugar en Argentina, era un torneo importante no solo para nosotros sino también para la Confederación.

¿En qué te sirvieron esas experiencias?

Es único. Desde la sensación de ponerte la camiseta de tu país, es muy difícil de explicar y describir. Quizás nuestra camada se preparó mucho por el tema de que el torneo era acá en Argentina y justo en un momento que la camada anterior que jugó el mundial era la generación del 80 de Scola y coincide un poco con el momento que empezaba a aparecer la Generación Dorada, era un boom el básquet, así que nosotros nos sumamos a todo eso que se vivía y lo disfrutamos con muchas ganas, con las ganas de un chico además, porque no dejábamos de ser adolescentes.

¿Qué sentiste de haber jugado el Mundial U21 en Argentina?

Para mi fue muy especial, porque nos preparamos para ese torneo desde el día uno que empezó la primera concentración, que tenía 15 años y empezaron a llamar jugadores. Magnano, que era en ese momento el entrenador, nos llevó a una gira por Francia y ya en ese momento nos empezó a mentalizar del torneo que se iba a jugar en Argentina. En esa edad sos una esponja y todo lo que te van diciendo se te queda grabado, y tratamos año a año de ir mejorando y perfeccionándonos como jugadores para poder estar en el plantel que terminó jugando el torneo. Para mi fue especial ya estar ahí, y después con el añadido que se jugaba en Argentina, creo que mejor imposible. Para mi también fue especial porque yo ya estaba jugando afuera (estaba jugando en el Lucentum Alicante de España), así que volver al país siempre era muy especial. Encontrarme con el grupo de jugadores con los que compartí este proceso, era un poco la frutilla del postre y sabíamos que después de ese torneo empezaba otra etapa, que no iba a ser igual. Así que lo disfruté y aproveché al máximo. Quizás me queda un poco grabado el partido con Lituania, que termina saliendo campeón. Lo dominamos por muchos pasajes del juego y al final se destapó un jugador, Seibutis, y no lo pudimos detener. Teníamos un equipo que jugaba muy aguerrido en defensa, pero nos faltaba altura y poder ofensivo, pero lo que era entrega y rasparnos lo hacíamos a la perfección. Por eso terminamos perdiendo contra el eventual campeón, pero creo que estuvimos a la altura del torneo.

En 2009 fuiste parte de la preselección para el Premundial, ¿Cómo viviste esa experiencia y de qué te sirvió luego?

Creo que fue un premio. Yo ya había pasado un tiempo de aquella selección U21 y me generó una ilusión terrible. Si bien había hecho una buena temporada en Europa, donde habíamos conseguido el ascenso, teniendo en cuenta la talla de los jugadores y, sobretodo, en mi posición, que en ese momento jugaba de alero y estaban Kammerichs, Nocioni, Delfino, y era una camada muy cercana a la mía. Así que no había mucho hueco como para meterse, pero me cayó como un premio, fue una experiencia bárbara que disfruté al máximo y me sirvió un montón. Estuve dos semanas compartiendo con jugadores de la Generación Dorada, si bien después tuve el placer de jugar con algunos y a otros ya los conocía, ese tipo de experiencias siempre sirven, te potencia y te motivan como jugador.

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