La noche de Manu Ginóbili

Alguna vez leí, en esas notas de opinión de diarios especializados, “Manu Ginóbili es el deporte mismo”. La definición pudo resultarme conmovedora, pero la verdad, no me sorprendió. El bahiense ha sido capaz de todo, ha llegado a puntos inimaginables, ha conseguido logros y títulos que los “normales mortales” ni nos animamos a soñar.

|Por Jorge López de Ipiña | Extraído de La Voz del Pueblo de Tres Arroyos
Por estas horas, la ansiedad, el nerviosismo y la atracción se han vuelto a apoderar de mí; se acerca el momento en que San Antonio Spurs retire la gloriosa camiseta N° 20 que por algo más de 15 años y en 1057 partidos lució el bahiense.
Nunca imaginé que un argentino pudiera ser el elegido o la figura de un acto tan valioso e importante en la historia de una franquicia de la NBA; pero una vez más, Manu lo consiguió. Y como un fiel obsecuente a los reconocimientos puros, valederos y merecidos, esta noche me sentaré frente al televisor, no permitiré que nadie en mi casa ponga otra señal que no sea la de ESPN, y disfrutaré de la gran noche de Manu. Porque, para mí, el de hoy es un día histórico, fantástico y, muy posiblemente, irrepetible…
Recuerdo que en medio de la conmoción nacional deportiva que vivíamos allá por 2003, tras la obtención del primero de sus cuatro anillos de campeón de la NBA (los otros fueron en ’05, ‘07 y ‘14), me contacté telefónicamente con su madre, Raquel. La intención era hacer una nota exclusiva con Manu para este diario. No fue posible, más allá de la amabilidad y educación con la cual me trató Raquel, quien recordó las visitas de su hijo a Tres Arroyos, del partido amistoso que vino a jugar con sus amigos (Pepe Sánchez y Jasen, entre otros) a Huracán, momento del que guardo como tesoro una foto suya con la camiseta del albo y el Globo a la altura de su corazón; pero el intento estuvo y valió la pena.
De haberse concretado la entrevista, podríamos haber hablado de sus inicios en Bahiense del Norte, de lo que le costaba ser considerado para alguna selección bahiense en menores, de sus duelos con Pepe Sánchez, de su debut en Andino de La Rioja con sólo 18 años; de su posterior paso por Estudiantes y su llegada a Italia, en el 98, donde primero brilló en Reggio Calabria y luego “estalló” en el Kinder Bolonia ganando todo, incluida la Euroliga.
Y de 2002, de cuando llegó a los Spurs de San Antonio, una franquicia ejemplo y estructurada dentro de la NBA que tenía como entrenador en jefe al gran Gregg Popovich. Pero Manu fue tan grande que cuando su DT lo conoció en profundidad y entendió, comenzó a valorar su competitividad “animal”. Su entrega, inteligencia y carisma. Ginóbili le cambió a Popovich hasta su humor; el argentino pasó de ser una promesa a uno de los emblemas del equipo junto a Tim Duncan y Tony Parker, con los cuales conformó uno de los tríos más importantes en la vida de la NBA.
Este flaco y narigón, con todo respeto obviamente, pasó a tener una valoración especial en Texas. En la cancha irradió profesionalismo, seriedad, capacidad y competitividad extrema; por ello la admiración de tantos de sus rivales. Y fue uno de los mejores compañeros, según lo reconocido por estos mismos, los cuales hasta llegaron a asegurar que Manu los mejoró como personas.
Cómo no acompañar en su último acto público y deportivo a quien se manejó como un mago en la cancha, creando jugadas, armando estrategias en los tiempos muertos como si fuese un DT, a quien realzara el valor del 6º jugador, que participara en dos All Star; que bañara de confianza a sus compañeros y captara la atención de tantas leyendas, como Magic Johnson o Larry Bird, por nombrar sólo a dos (sabiendo que Manu es la debilidad de Charles Barkley), quienes pidieron el Salón de la Fama para él.
Ginóbili traspasó la frontera de los fanáticos del básquet, quienes se alinearon tras su magia deportiva y se sumaron a la onda pasional, porque a la hora de “ser argentino”, terminó siendo el abanderado, como lo fue en los JJ.OO. de Beijing 2008. De su corazón y cerebro se armó la Generación Dorada, nuestro país pasó a ser potencia en un deporte donde ese crédito estuvo reservado siempre a otras potencias. Pero con ellos todo fue posible, los títulos en los FIBA Copa de las Américas, la medalla plateada en el Mundial de Indianápolis, el Bronce de 2008 y la sublime y estelar medalla de oro de Atenas 2004.
Con él a la cabeza y su increíble “banda” de amigos-compañeros, nos animábamos a todos, hasta al Dream Team, a quien le dimos un par de cachetazos duros. Manú fue esto y más, nos hizo sentir argentinos con orgullo, fue el dueño de los Olimpia de Oro (’03 y ’04), del Konex de Brillantes por ser el atleta de la década 2000-2010. Siempre respaldó todo esto con una conducta personal intachable, siendo un gran jefe de familia y un amigo incondicional.
Así como el Mundo recordará el 28 de Julio de 1977 como el día del nacimiento del más destacado jugador de básquet sudamericano de todos los tiempos, quienes lo idolatramos agradeceremos este día, cuando San Antonio Spurs condecoró a Emanuel David Ginóbili, el mejor deportista argentino de la historia…