Danilo Delset, una leyenda de los ascensos

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El esperancino es uno de los jugadores más ganadores de la historia de la segunda categoría. Cuatro veces campeón del TNA y con paso también por la Liga Nacional. Mano a mano profundo y distendido con aquel alero tan característico por los ascensos que consiguió en su historia.

|Por Lucas Leiva – Prensa Liga Nacional

Si hablamos de jugadores ejemplares y ascensos, dentro de la historia de la segunda categoría podemos encontrar una serie de nombres históricos que han dejado su gran huella. Mario Sepúlveda es uno de los top con 5 ascensos, todos de forma consecutiva, pero la palabra ascenso también nos trae a la memoria otros jugadores ilustres, como es el caso del carismático Danilo Delset.

Radicado desde hace un par de años en Esperanza, a casi 40 kilómetros de Santa Fe capital, Delset descansa en su ciudad natal, allí donde se crió y dio sus primeros pasos en el básquet. Luego formaría una carrera ejemplar, con casi una década dentro del Torneo Nacional de Ascenso (TNA, hoy Liga Argentina) y habiendo tenido un par de temporadas dentro de la Liga Nacional, casualmente junto a los equipos con los que llegó desde la segunda división a la elite.

Delset fue protagonista de 4 ascensos a lo largo de su trayectoria deportiva: Belgrano San Nicolás, Quilmes de Mar del Plata, Gimnasia de La Plata y Ben Hur de Rafaela. Todos ellos fueron casi en simultáneo, con un detalle en particular: llegó a jugar en la Liga con tres de los cuatro equipos con los que ascendió (con el único que no pudo fue con Gimnasia).

Un alero alto, con un buen tiro exterior, inteligente y con mucho carácter para jugar. Ese perfil se ajustaba a la perfección de Danilo, que más allá de los equipos con los que ascendió también pasó por Alma Juniors también jugando en el TNA y Echagüe de Paraná, además de tener un paso por la C1 de Italia cuando en 2005 decidió armar sus valijas y volar al viejo continente. Volvió a nuestro país y ya radicado de nuevo en su ciudad natal, jugó el Torneo Federal con Alma Juniors y hasta tomó las riendas del primer equipo en el torneo local por unos meses en 2015.

Hoy, algo alejado del básquet desde entonces, comienza sus días religiosamente antes de las 4 de la mañana para irse a trabajar a Franck, una pequeña ciudad ubicada a poco menos de media hora de viaje de Esperanza. Pasado el mediodía concluye sus labores y regresa a casa, y en un par de ocasiones, sin perder nunca su sentido del humor y su habitual chispa al igual que en esta oportunidad, se pone a recordar un poco lo que fue aquella gran carrera deportiva que supo edificar.

Extraña aquellos días de básquet y gloria, no vive del pasado pero sí añora algún día con volver a sentir esa adrenalina que genera nuestro deporte. Claro está que también tiene una memoria impecable, recordando absolutamente casi todo lo que vivió en su carrera. Por eso, en el siguiente mano a mano compartimos algunos de esos momentos épicos que vivió, los ascensos, su vida en la actualidad y más.

¿Sos conciente de que conseguiste algo nada sencillo? Dos títulos, uno, hasta ninguno… podríamos decir que por ahí más o menos va un poco lo común, pero vos sabés mucho de esto y rompés un poco ese esquema.
Lo que pasa es que ascender es muy difícil, muy complicado. Hoy quizá uno cree que es más difícil ascender porque hay 28 equipos en la categoría ahora, pero no nos olvidemos que antes también pasaba que de 16 solamente ascendía uno. No era para nada sencillo. En Gimnasia por ejemplo ascendimos sin extranjero porque se nos rompe Pop Thornton en cuartos de final o semifinal, y trajimos a Diego Ricci que venía de Obras. Creo que fue el primer equipo del TNA que le tocó ascender sin extranjero, donde nosotros le ganamos a Regatas de Corrientes que si no me equivoco lo dirigía Horacio Seguí a ese equipo y tenía a Jervaughn Scales como extranjero. Nos tocó ganar y ascender, fue 3 a 1 esa final ganando el cuarto partido que nos dio el ascenso en Corrientes.

¿Cuándo te diste cuenta y caíste un poco en lo que te fuiste convirtiendo como jugador y esa inmediata conexión a los ascensos?

Creo que me empecé a dar cuenta en el primer ascenso, en Belgrano. Me empecé a dar cuenta también porque me lo hicieron ver mis agentes, con Chocolate Raffaelli y Villanueva, porque yo asciendo con Belgrano de San Nicolás y al otro año me quedo a jugar la Liga A. Entonces de repente me sale un contrato buenísimo en Quilmes de Mar del Plata. Quizá uno pensaba que era para ir a jugar a la A con Quilmes, pero no, era para volver a bajar al TNA, con lo tanto que uno anhelaba en la vida jugar la A, sabiendo que para eso entrenaba y para eso de pibe uno quería llegar a la Liga. Estaba jugando contra Pichi Campana, Milanesio, el Loco Montenegro, el Vasco Aispurúa, el Chuni Merlo, Facundo Sucatzky… qué jugadores no? Verlos por la tele era una cosa y tener esa posibilidad de enfrentarlos como me pasó a mí, era un privilegio. Por eso era difícil para mí estar en la A y pensar en bajar otra vez al TNA, pero yo creo que ellos me hicieron ver que por ahí podía ser un muy buen jugador y sobresalir muchísimo más en el ascenso que estar jugando en la A y por ahí sin jugar tanto, sin llegar a ser tan «reconocido». Me fui a Quilmes y firmo por dos años. Tengo la nota guardada porque mi abuela, que ya no está y como todo viejo, quería que siempre le guarde los recuerdos de dónde fuese. Adonde iba tenía que agarrar algún diario y guardárselo porque típica abuela babosa coleccionaba todas las notas. Tengo guardado todo lo que me había juntado mi abuela. Hubo una nota que me hacen cuando llego a Quilmes donde me dicen «Danilo, viniste a Mar del Plata y arreglaste por dos años». Me acuerdo de esto que te voy a decir porque salió en el título, porque lo primero que le dije fue «sí, vengo por dos años, porque el primero es para jugar el TNA y el segundo año es para jugar la Liga». Quizá pensarías que era un tremendo agrandado, que tenía más humo que una caldera… pero fue así, se dio así y ascendimos (risas). Tenía mucha confianza, sabía a qué equipos iba. Ahí yo ya me di cuenta que mi carrera iba a pasar por ahí, por el TNA. Después uno ya empieza a hacer comparaciones, empieza a darse cuenta que se siente cómodo dentro de la categoría, sabe qué cosas le puede dar, y a medida que vas conociendo los rivales, los clubes y las ciudades ya te vas encontrando con compañeros y jugadores que quizá ya tuviste en otros ascensos. Entonces se te hace más fácil. Como que ya sabés que tal jugador habla el mismo idioma que hablás vos, entonces eso te hace ganar tiempo, te conocés más en el vestuario, ya sabés por dónde ir, qué hacer y qué no hacer.

Tuviste varios años en la categoría y en ese sentido creo que entendiste todo de cómo debía ir tu carrera. Más allá de la confianza que decías que tuviste cuando llegaste a Mar del Plata, te habrá pasado en todos los equipos por los que fuiste pasando.

A mí me encantaron mis años en el TNA y poder hacer casi toda mi carrera ahí. Puede ser que también es porque tuve la suerte de estar en grandes equipos, tal vez sea así, sí. Mirá, a Belgrano llegué antes del primer ascenso, porque a San Nicolás me llevó Patota Dastugue. En ese primer año allá me dirigió él, en el 95-96, no te hablo del ascenso con el Loro Maffei sino el año anterior. Después sí, en la otra temporada, al año siguiente (1996/97), ascendemos con el Loro y con Pablito Prigioni de juvenil. Con Gimnasia de La Plata hicimos un gran año. En ese momento al Tuky Bulfoni no lo conocían muchos, era el goleador de la B pero en esa época en el TNA no había llegado a ser el jugador que después terminó siendo, hoy reconocido por todos; y lo mismo pasó con Roberto López, que venía de Rosario pero era también un desconocido para muchos; Leandro Lauro también recién empezaba. Estaban el Mofle Horvath y Gaby Moravansky que ya venía de un buen recorrido en Ferro. Ben Hur de Rafaela era un equipo que venía con mucha trayectoria, peleaba el ascenso siempre pero venía de un par de años que le faltaba la frutilla del postre. Ese 2001 me llaman para ir al equipo y no me olvido más que le hablo a la Queca Storani para decirle «Vamos a Rafaela que vamos a ascender porque hay equipo». Lo convencimos y mirá cómo se da todo: hasta el día de hoy la Queca está viviendo en Rafaela, se instaló ahí ese año, ascendimos, jugamos dos años de Liga A juntos y después se quedó que incluso volvió a ser campeón con Ben Hur.

¿Y cómo te empezó a afectar eso? Romper ese esquema. ¿Cómo fue que después te empiecen a llamar y a ponerte esa mochila de llevarte para ascender?

Y yo le había agarrado el gustito. Podríamos decir que se me calentó el pico en un momento (risas), porque le seguía dando y a todos lados iba era porque quería ir a buscar el ascenso. Era ascender y jugar un año en Liga A, como si fuese un premio, un regalo. Estabas en tu club, eras ídolo, no tenés la estatua como Ginóbili afuera de la cancha pero a mí por suerte me pasa que en Belgrano, Quilmes, Gimnasia y Rafaela me recuerdan muy bien por el paso que tuve en esos años. Y eso pasa porque no cualquiera puede salir campeón, salir campeón del TNA era difícil y lo sigue siendo. Obviamente que ser campeón de Liga Nacional también, claro, a mí no me tocó eso, pero en el TNA siempre fue duro ganar el título. En mi caso por esto que te decía que podía jugar la A, porque tenía la posibilidad de hacerlo, era ascender con mi equipo y quedarme al año siguiente para jugar la Liga. Toda la gente siempre va a estar muy contenta con vos y te va a bancar ese año en la A porque sabe que ya el hecho de ascender la temporada anterior era muy difícil, y eso, como te dije, nadie se olvida.

Belgrano, Quilmes y Ben Hur.

Claro. Me pasó con Belgrano, con Quilmes y dos años en la A después de ascender con Ben Hur también. Con Gimnasia no lo pude hacer, porque ese año la Liga Nacional se había intentado jugar con tres extranjeros, entonces no teníamos mucha cabida. En ese equipo de Gimnasia que había ascendido éramos dos aleros, estábamos Gaby Moravansky y yo, y al tener tres extranjeros nosotros íbamos al banco de suplentes, o sea que prácticamente no íbamos a tocar la cancha nunca y no iba a ser una temporada de disfrute en la Liga Nacional. Con todo eso, junto con mi representante decidimos irnos a Ben Hur. Gimnasia fue el único equipo con el que lamentablemente no me pude quedar a jugar la Liga A, no pude tener ese premio que te decía por ascender. Después al año siguiente me fui a Ben Hur como te decía, ascendí y ahí me quedé a jugar dos años de Liga A.

Hay cientos de jugadores que lo buscan tanto y hasta quizá pasan toda su vida deportiva sin conseguirlo. ¿Hay un poco de magia en tantos ascensos? Por claramente no es casualidad siendo tan repetitivo.

Sí, yo pienso que en casos como el mío estamos un poco tocados por la varita, ni hablar. Pero también creo que a esa varita hay que ayudarla también. Y yo creo que ayudé a los equipos para que esos mismos equipos me ayuden a mí a ser quien soy hoy. Porque si ya es muy difícil para un jugador ascender, imaginate lo que significa y es para mí haberlo conseguido cuatro veces. En Belgrano ayudé, en Quilmes también ayudé, en Gimnasia lo mismo, en Ben Hur también. Uno siempre ayuda, y yo creo que en eso tuve el privilegio de tener muy buenos compañeros, porque no es fácil convivir todo un año, estar dispuesto a ceder cosas.

En algún momento, al hacerse frecuente, seguro te empezaron a señalar con esto de ascender. Porque la realidad es que fueron prácticamente muy seguidos, 4 en 6 años.

Sí, seguro, fueron muy seguidos. Y me pasa incluso al día de hoy que a veces me cruzo con compañeros que tuve o no, y me dicen «¡Uy! ¡Mirá quién está acá! El señor de los ascensos!»… Pero no fue porque yo anduviese con una camiseta que diga eso, sino porque Mosquito Montesano me lo puso (risas). En un tiempo estaba David Carlín transmitiendo el TNA, cuando estaba en Alma Juniors de acá de Esperanza me acuerdo que estaba con los partidos; después agarró Monte y ahí me empezaron a llamar así. «El señor de los ascensos» acá, «El señor de los ascensos»allá, y desde ahí me quedó. Tuve la oportunidad de ir a ganar otro ascenso más que fue cuando Obras Sanitarias lo lleva a Patota Dastugue de San Nicolás, en el año 2004/05. Ahí se arma un equipo para ascender, estaba Horacio Beigier por ejemplo. Con Patota ya nos conocíamos. Me llama y me dice «Che Dani, vamos a Obras». Lo pensé, quería ganar otro ascenso, y te confieso que la veía hasta fácil, porque veía a los jugadores que ya tenía el equipo, como Beigier por ejemplo que sabía todo lo que podía darle al equipo y sabía que si llegaba a ir a Obras yo también podía aportar lo mío. Pero yo estaba con Prunes por el tema de la ciudadanía, que me la estaba tramitando para poder ir a jugar a Italia. Me cebé con eso y me terminé yendo a jugar allá.

Hace unos días lo hablaba con Tomatis, y me remarcaba que antes los jugadores del TNA y de la A estaban muy encasillados, que si eras del TNA era muy difícil dar el salto, que ese era tu mercado. Vos tuviste una particularidad de haber jugado un par de años de Liga. Es cierto, con los equipos que ascendiste y con menos protagonismo que quizá tenías en el TNA, pero lo hiciste.

Es que era así, no tengas dudas que antes era así. ¿Cómo hacía antes un jugador del TNA para llegar a jugar la Liga? Imposible, casi imposible. Yo tengo la suerte de haber caído en Belgrano de San Nicolás, que era un equipo muy humilde, y pasó que increíblemente ascendimos, entonces pasamos de estar en Belgrano de San Nicolás a jugar en un galponcito que teníamos cerrado con butacas de cine, todo el que fue a jugar ahí se acuerda, a los pocos meses de estar jugando en Villa Ramallo porque no nos daba la capacidad del estado y porque en la ciudad no podía haber dos equipos si no había cierta cantidad de habitantes y en San Nicolás ya estaba Regatas, a jugar contra, y te repito, Pichi Campana, el Loco Montenegro, Sucatzky, Chuni, Luisito Scola que recién tenía 18 años y fue su última temporada antes de irse a España, Manu que fue ese tiempito que jugó para Estudiantes de Bahía… grandísimos jugadores. ¿Qué nos pasaba a nosotros? Que en ese tiempo con Belgrano la Liga Nacional se jugaba con partidos a 48 minutos. Nosotros entrábamos y nos comíamos la cancha, los queríamos pasar a todos por arriba. Pero pasaba que los equipos formados con estos grandiososo jugadores, equipos largos también, cuando llegábamos al último cuarto nos ponían el partido palo a palo y nos ganaban casi siempre. Como primer objetivo que teníamos con ese Belgrano estaba salvar la categoría, y por suerte lo pudimos hacer, dejando a Quilmes de Mar del Plata que se había armado el Dream Team, por eso después yo también caigo a Quilmes, porque aparte de tener una muy buena Liga A pasó también que tuve una linda serie contra Quilmes, ahí pusieron los ojos en mí y me contratan. En ese año, peleando el descenso, a nosotros nos elimina Ferro, eliminamos a Quilmes pero a su vez había que jugar un repechaje que en ese tiempo era un equipo de la A contra el del TNA. Ahí estaba Siderca de Campana, con Walter Guiñazú, Frederick West como extranjero y no sé si no lo dirigía Belcuore a ese equipo. Jugamos pero ahí había una diferencia abismal, porque el de la A tenía dos extranjeros entonces nosotros estábamos con Emeka Okenwa el nigeriano y Ken Conley. Pudimos salvar la categoría por esa diferencia que había, nos quedamos.

Más allá de la experiencia que notoriamente fuiste ganando, ¿Qué empezaste a ver o te enseñó el básquet? ¿Por qué vos sí conseguiste lo que tanto cuesta?

Si vos te ponés a pensar con todas las cosas lindas que pasé en mi carrera, los ascensos y todo, vas a pensar que tenía algo como jugador. ¿Pero era goleador? No. ¿Era rebotero? No. ¿Era asistidor? No. ¿Era y es buena persona? Sí. ¿Era buen compañero de vestuario? Sí. ¿Sabe manejar al equipo y situaciones de juego? Sí, también. O sea, yo creo que los logros que tuve no fueron casualidad. Todos los equipos se hacen de goleadores, de reboteros y demás, pero me parece que primero y principal como jugador tenés que saber hacer un poco de todo y hay una palabra que a mí me gusta mucho que es «ceder». Los jugadores que ceden cosas logran cosas. Cuando vos tenés un equipo donde hay 6-7 jugadores que ceden cosas también así como resultado las logran. Acá el que le gusta ser goleador pero no cede no va a lograr nunca nada porque este es un deporte en conjunto, para eso tiene que agarrar una raqueta y jugar al tenis. Al que no le gusta defender, a la corta o a la larga, como equipo no va a ganar nunca nada. Vos podés tener todos los premios y reconocimientos personales que vos quieras, goleador, rebotero, lo que sea, pero quedate tranquilo que todo eso siempre lo vas a cambiar por las alegrías colectivas como lo son los ascensos. El premio más lindo que te da este deporte, dentro del juego en sí, no hablo en lo que te deja como valores, enseñanzas y personas, es cortar la red al terminar el torneo, tener la fiesta con tu equipo y quedar en los libros. Eso hace que quedes en el recuerdo de todos.

Es que claramente te reconocen todos, sean compañeros o rivales.

Mirá, y la otra vez me pasó con Rubén Magnano que en el TNA dirigió una temporada nomás cuando estuvo en Misiones. En ese equipo de Luz y Fuerza estaban el Nano Posseto, Monella, Donald Chester, Magnano… y los otros días, hace como un año atrás, lo vi a Rubén en una clínica que hizo acá en Santa Fe, cuando se hizo el Mundial U17 acá, hacía un frío bárbaro, yo estaba con gorro, pelo corto y campera. Le digo a Rubén «¿Te acordás de mí? ¿Sabés quién soy?», y me dice «Sí, cómo no me voy a acordar, sos el rubio de Esperanza». Se acordaba de mí, porque ese año que dirigió en el TNA con Luz y Fuerza yo estaba en Alma Juniors y nos enfrentábamos.

Con la experiencia que tenés seguramente me vas a saber decir un poco por dónde viene la mano. ¿Qué necesita un equipo para triunfar como les pasó a ustedes?

Y… más allá de tener un muy buen entrenador y en ese sentido a mí me tocó ascender con técnicos muy buenos, para que un equipo ascienda la clave también pasa por la base y el extranjero. Creo que esos dos puestos son claves y determinantes para conseguirlo. Te digo, la verdad es que no estuve siguiendo mucho estos últimos años la Liga Argentina para ver si los últimos ascendidos lograron eso, sino que te hablo de lo que pasaba cuando yo jugaba. Son puntos fundamentales para un equipo exitoso.

También te pasó que claramente en todos los equipos viviste situaciones muy distintas. Belgrano por ejemplo era un equipo más modesto, tal vez un poco impensado lograr lo que consiguieron, muy distinto a Quilmes que fue a pelearla buscando volver a la A desde que se empezó a armar; Gimnasia venía de perder la final el año anterior y buscaba sacarse la espina; y Ben Hur ya venía coqueteando hace años con subir.

Tenés razón, en todos los equipos no fue igual. ¿Qué me dirías si te digo que con Belgrano de San Nicolás ascendimos pero llegamos a perder casi 7 partidos seguidos? Casi una rueda completa, porque pensá que éramos 16 equipos. Pensarías que estábamos locos si queríamos ascender porque eso iban a ser casi 2 meses perdiendo, era un equipo modesto, de bajo presupuesto, pero lo logramos, ganamos y subimos a la A. Nos pasó incluso de ganar todas las series de playoffs de visitante, creo que fuimos uno de los primeros o pocos equipos que llegó a conseguir eso. Con Quilmes en el TNA se decía que habíamos armado un Dream Team con jugadores de la A y algunos más del TNA para volver a la Liga, pero no éramos un Dream Team, éramos de terror al principio, y tuvimos que revertir todas las series de visitante porque nos empezamos a encontrar durante el transcurso de la temporada y en esos playoffs. Terminamos ganando la serie final de visitante en Gualeguaychú al Central de Pipío Pedemonte, Chubi Susbielles y Horacio Pacheco en la base. En Gimnasia de La Plata como te decía antes se nos rompe Pop Thornton y nos quedamos sin el extranjero, y tuvimos que superar esa situación también más allá de que después llegó Diego Ricci. En Ben Hur pasó también que hace tanto que el club quería ascender, que la venía luchando y luchando, pero no podía. Tenía a Damian Cantrell ese americano blanco que era un fenómeno. Ellos ya venían haciendo el estadio porque querían subir a la A y sabían que cuando eso sucediera iban a necesitar la cancha. Y ahí es que nos vamos con la Queca Storani, más el Nano Posseto que había ascendido con Luz y Fuerza un par de años atrás, Legaria que venía de Gualeguaychú como un desconocido y fijate después lo que termina siendo como jugador. A Ray lo había llegado el Nano Posseto porque estuvieron juntos en Central, y ahí arrancó todo para él, después tuvo tantos años en Liga A saliendo campeón con Ben Hur, Boca y Peñarol.

¿Internamente qué fuiste ganando con el paso de esos años?

Y mirá. Tengo mi vida llena de hermosos recuerdos que me dio el básquet. No estoy quizá tanto en contacto ahora pero siempre fui de ir comparando todos los equipos, porque a medida de que vas ascendiendo vas entendiendo algunas cosas, qué le falta a uno y qué le falta al otro. Como decías, en todos los equipos con los que me tocó ascender se dieron situaciones diferentes de hecho. La clave de los ascensos a medida que van pasando los años es la experiencia. ¿A qué me refiero? A que por ejemplo, cuando ascendí con Belgrano y después me toca ir a Quilmes, y ahí lo tengo a Pablo Gil y Diego Cavaco, dos jugadorazos pero recién salían del cascarón. Y pasó que la rompieron en el TNA.

Bueno, ahí tuviste, además de tu rol como jugador, un poco esa función de ir transmitiendo lo que te fue dando la experiencia.

Seguro. Me pasó una vuelta que estaba corriendo por la playa con Diego (Cavaco) y en un momento él se quedó mirando la tabla de surf, porque claro es de Mar del Plata. Entonces me freno y le digo «¿Che Diego, vos sabés lo que es salir campeón y que acá dentro de 8 meses te espere una caravana con todo Mar del Plata levantándote y coreando tu nombre? Se te pone la piel de gallina». O en La Plata que me pasó lo mismo con el Tuky Bulfoni, que salió de Casilda, cuando eran muy pocos los que lo conocían. Y no solo era decírselo, sino que es un trabajo de todos los días, pasarles esa experiencia que uno tuvo a esos jugadores que pueden ser distintos también, y que te pueden ayudar en tu equipo a ganar, a llegar a lo máximo. En Gimnasia recuerdo que una vez, en uno de los viajes que hacíamos de visitante, íbamos en el micro y yo le pedí permiso a Gonzalo García para pasarles un video. Con Gonzalo ya nos conocíamos, había ascendido con Libertad de Sunchales y eso estaba bueno, porque había tenido esa posibilidad de saber qué significaba ascender. Me di cuenta de que teníamos un equipo muy bueno pero joven, con Roberto López, Tuky Bulfoni y demás. Una cosa es decir que vamos a ascender y otra distinta es cómo hacerlo. Para eso tenés que entrenar, trabajar muy duro todos esos ocho meses de la temporada. Esas cosas no solamente te la tienen que contar sino también mostrártelas, porque solo con contar no sirve. Entonces le pedí permiso a Gonzalo y en ese viaje llevé el cassette que nos habían editado en Quilmes cuando salimos campeones. Salimos de La Plata y puse el cassette en el micro, estábamos con el Mofle Horvath y la Queca Storani. Y ahí les dije a todos que si querían podían verlo, con la mejor intención, porque si hay algo por lo que afortunadamente me recuerdan es porque siempre fui buena persona con todos tanto dentro como fuera de la cancha. Les mostré ese video y no me olvido más la cara del Tuky, que termina de verlo y me dice que quería ascender porque quería vivir lo mismo que me pasó a mí en Quilmes ese año. Pasaban los festejos, la gente llorando, la caravana.

Eso no creo que te lo puedas sacar de la cabeza.

Jamás. Ver las fotos con la red colgada y la copa es algo buenísimo. Y te digo que nunca más me olvidar la caravana de los festejos en San Nicolás hasta el centro, o en Mar del Plata que el papá de Agustín Mengoni que trabajaba en una empresa de transportes puso un camión con acoplado y todos íbamos atrás, con todo Mar del Plata esperándonos. En La Plata pasó que la gente estaba esperándonos en el aeropuerto, porque habíamos ascendido en Corrientes y al otro día toda la gente fue a esperarnos al aeropuerto, y de ahí a La Plata que tardamos horas y horas para llegar por toda esa caravana. En Ben Hur de Rafaela ascendimos en cancha de Ciclista y nos quedamos hasta el otro día para que también la gente nos reciba, veníamos todos festejando en el colectivo y de ahí comunicación directa con Marcelo Nicola desde Italia para que nos felicite a todos. Me gusta contar mucho estas cosas, no me sirve de nada guardármelas, porque siento que puedo transmitirles lo que viví y lo que el básquet me enseñó a quienes lo necesiten.

Hablando de guardar, ¿Archivaste algo de eso que decías que tenías de tu abuela?

Todo, lo tengo todo en cajas acá en casa. Vos me tendrías que preguntar sobre tal año, y yo tendría que ir, agarrar esa caja llena de cosas, diarios, notas, cassettes y demás, y solo tendría que decirte «Tomá, acá tenés este año que me decís» porque tengo todo. Tengo todas las camisetas guardadas, todas. Imaginate lo que me gusta el básquet. Camisetas de algún Provincial que gané con 18 años, o de cuando empecé a jugar la liga acá. Antes del Provincial estaba la Liga D, que era la cuarta categoría, y tengo la red guardada de ese ascenso también, los VHS también, y todas las camisetas de los equipos por los que pasé. De todos los equipos en los que estuve, TNA, Liga Nacional y demás, me guardé una camiseta y las tengo dobladitas. Fotos y recortes de los diarios también.

¿Cuando ves todo esto, te das cuenta de la importancia que tenés dentro de la historia?

Siento que soy parte de una historia del Torneo Nacional de Ascenso, eso sin dudas, y soy muy consciente de que uno también tiene que colaborar, ayudar y trabajar para que las cosas que me pasaron a mí terminen sucediendo. Como te decía, a la varita mágica también la tenés que ayudar, y viceversa. El de arriba siempre está ahí.

¿Resignaste mucho por el básquet?

Sí, pero era mi laburo, no solo era y es mi pasión, sino también era mi trabajo. Yo me perdía fiestas, cumpleaños, casamientos y muchísimos eventos familiares. En la vida hay cosas que te marcan. Yo me perdí el casamiento de mi hermano estando con Quilmes, mi hermano se casaba el sábado y yo el domingo jugaba en Mar del Plata un clásico contra Peñarol. Y hoy ves los videos del casamiento de mi hermano y yo no estoy… pero era mi trabajo, y yo tenía que hacer 900 kilómetro de Mar del Plata hasta acá Esperanza, imposible. ¿Le voy a decir al Huevo Sánchez o a la dirigencia que no jugaba ese partido por tener el casamiento? No, era mi laburo, y con esa seriedad y profesionalismo me lo tomaba.

Salgo un poco de la categoría y te llevo a algo que tendrás fresco y latente todavía. El título con Santa Fe en el Argentino del 97 después del primer ascenso con Belgrano y esa final que todavía se recuerda contra Newell’s. Como esperancino ese Argentino habrá significado mucho para vos.

¡Cómo no me voy a acordar! En el año 97, que asciendo con Belgrano de San Nicolás, nosotros le ganamos esa final a Newell’s de Rosario, donde Pablo D’Angelo se armó un equipo para ascender. No había básquet pero en un año se armó todo, con Fabián Righi, Monella, Ottolini, Olivier… un equipazo. Llegan a la final contra nosotros y ganamos los tres partidos para ascender. Van a televisar ese partido pero se suspende cuando faltaba poco más de un cuarto por las hinchadas. Nosotros habíamos ganado los primeros dos en San Nicolás y estábamos ganando el tercero también en Rosario, se suspende porque se empezaron a tirar piedras entonces terminamos de jugar al otro día, a puertas cerradas, donde ascendemos. Termina esa temporada que fue mi primer ascenso y en junio se hizo el Argentino, en septiembre. Entonces Pablo D’Angelo que estaba de entrenador de Santa Fe me lleva a mí, que había jugado muy bien ese torneo, y me acuerdo que un dirigente de acá de Almagro de Esperanza me pedía que no vaya a jugar el Argentino, por miedo a si me podía lesionar y teniendo la posibilidad de quizá jugar Liga A. Me sembró la duda, pero también me pasó que nunca antes había llegado a jugar un Argentino. D’Angelo me había llevado a uno antes en Tucumán pero en ese momento yo era juvenil todavía, y también me movía que Santa Fe desde el año 77 no salía campeón, o sea 20 años. En ese 77 Santa Fe había salido campeón en Córdoba, le ganó a Provincia la final, con una base de algo de 8 jugadores de acá de Almagro de Esperanza. Entonces para mí era importantísimo jugar ese Argentino del 97 porque era de Esperanza, me iba a sentir bien por mi ciudad si lo llegábamos a ganar. Y fue así, vamos a La Rioja y ganamos, y tenía de compañero a Chapu Nocioni que todavía era un pibe. Todavía tengo el trofeo que nos dieron a cada uno de ese Argentino, una estatua chiquita de barro. En ese equipo además del Chapu estábamos Monella, Ottolini, D’Angelo y el Pollo López; y me acuerdo que en ese torneo en La Rioja estaba Pablito Prigioni, que venía de salir campeón conmigo en Belgrano, jugando para Córdoba. Recuerdo que le ganamos la final en La Rioja. Me eligieron en el quinteto ideal de ese torneo, con Dani Farabello que jugó para La Rioja; Chapu y yo por Santa Fe; y después estaban Patricio Simoni que fue para Chaco; y no me acuerdo si el otro pivote fue Monella también.

Hoy hablabas de cuando te fuiste a Italia. ¿Cómo esa experiencia?

Linda. Cuando no me fui a Obras porque tenía ganas de irme a Italia te preguntarás en lugar de quién iba… y me fui por la Araña Zanassi. La Araña tenía las mismas características mías: tirador de tres, flaco, narigón, alto, parecido a mí, tiene casi mi misma edad porque somos clase 73… así que la Araña había estado en un pueblito pero después arregla y decide irse a otra ciudad, habiendo firmado por dos años en ese pueblito. A la gente de ese lugar como que no les había gustado mucho que se vaya, yo me enteré recién cuando llegué ahí. Pero la Araña los trataba de convencer, les decía «les voy a traer alguien que juega mejor que yo». La gente del equipo no lo podía creer… «¿cómo que vas a traer alguien mejor?» «nosotros te queremos a vos». Después terminé hablando con la Araña y ahí me entero todo. «Me salvaste Danilo», me decía Leo, porque me había vendido con bombos y platillos, que era mejor que él, que era un jugador de A pero que estaba jugando el TNA, un jugadorazo, y cosas así (risas). Entonces me fui a jugar la C2 a Italia donde fui casi un mes antes, algo que no existe en esa categoría, porque generalmente vas 2-3 días antes y jugás. Me llevaron un mes antes porque no podían creer lo que les decía la Araña. Cuando los tanos me vieron estaban chochos, no lo podían creer, se olvidaron de que la Araña los había dejado por otro equipo. Estuve un tiempito jugando en la C2.

¿Después volviste a Esperanza, no?

Sí. Cuando volví de Italia estuve jugando un Federativo en Buenos Aires, después llegué a jugar el Torneo Federal con Alma Juniors hasta que el equipo no jugó más el torneo. Entonces me puse a jugar los locales de acá. Seba Saborido después de 4 años se va Ricardo de Cecco a Salta, entonces los dirigentes me pidieron que dirija al equipo para el local, yo venía haciendo los cursos de ENEBA desde principios de año pero la verdad es que mucho no quería dirigir, yo quería seguir jugando, eso me pasaba. No quería dejar de jugar y creo que eso es lo que tendría que haber hecho. Más allá de que era el torneo local, en mi opinión, para ser entrenador, es todo paso a paso: primero tenés que gatear, después caminar y después correr carreras. Yo no había dirigido ni minibásquet, y también pasaba que los jugadores que iba a dirigir hasta el día anterior habían sido mis compañeros. Me querían convencer, que me iba a quedar de por vida, que era el único jugador que había salido del pueblo… conclusión: dirigí seis meses, salvamos la categoría y me echaron (risas).

¿Qué estás haciendo hoy?

De básquet nada. Hace tres años dirigí seis meses Alma Juniors de Esperanza, acá en mi ciudad. Desde los 8 años soy de Alma Juniors hasta que después empecé a irme a otros equipos, pero siempre fui de mi ciudad. Estoy viviendo a la vuelta de Alma Juniors, alquilo, y trato de no ir al club para no generar nada, pero yo al básquet lo sigo amando y para mí lo es todo. Relaciono muchas cosas de la vida cotidiana con el básquet, el sentido del grupo, el sentido del reloj. Capaz uno piensa que es tonto esto que estoy diciendo, pero incluso en el trabajo mis compañeros, con quienes hablo mucho, me preguntan por el sentido del tiempo que tengo, y yo les digo que al haber jugado un deporte de equipo donde el tiempo es crucial, cuando menos segundos te faltan es donde más frío tenés que estar.

¿A qué te dedicás?

Trabajo en una empresa en Franck, Lácteos La Ramada. Es una empresa familiar que tiene 50 años, ellos son pioneros en calderas. Carlos Gonella padre es el dueño, que hoy ya tiene 80 años, y ahora agarró el hijo, también Carlos. Resulta que él jugó en Almagro acá en Esperanza, hizo las inferiores como yo y después le gustó mucho el rugby así que está ligado a eso. Cuando yo estaba frito a mi me dio laburo porque me relacionó con el básquet obviamente, y soy un agradecido por eso. Le encanta el básquet, de hecho hasta hace unos meses se iba a jugar al equipo de veteranos y me llamaba para ir a jugar con ellos, y fui un par de veces.

¿Te gustaría volver a ligarte?

Sí, obvio. Me falta nivel 3 de ENEBA, me gustaría terminarlo. Sería muy lindo poder estar ligado al básquet, no sé si en mi ciudad o fuera. Tuve grandes entrenadores dentro de mi carrera, y siempre me quedaron grabadas muchas charlas con Gonzalo García y Guille Narvarte, porque ellos me decían que cuando terminase mi carrera como jugador iba a ser un muy buen entrenador. Y yo les contestaba que no iba a ser un muy buen entrenador sino un muy buen asistente técnico, porque veía que el trabajo del asistente era muy parecido al trabajo que uno tenía que hacer dentro de la cancha: tenés que estar en todas, en la cancha y en el vestuario. El entrenador tiene que estar con otra cabeza, para cambios, para pedir minuto y eso, pero el asistente técnico ve todo. Y a mí me pasaba que, o por momentos estando en la cancha o por otros momentos viniendo de atrás en el banco, veía cosas del juego y sabía por dónde sacarle frutos. Siempre me queda una anécdota respecto a eso. Estábamos con Guille Narvarte en Ben Hur de Rafaela jugando Liga A, y por ahí me tocaba estar en el banco de suplentes en algún momento. Y a veces faltaban 4 segundos y Guille no me ponía para atacar y meter un triple o un doble, sino que me ponía o para sacar o para tener la pelota, porque la verdad es que yo sabía muy bien por dónde pasaba el juego. Creo que esa fue una de las virtudes mías, conocer muy bien por dónde pasaba el juego en cada momento.

La última, y pensando un poco en toda la magnitud de lo que viniste contando. ¿Imaginabas en esos inicios que desde tu humilde Esperanza ibas a conseguir cosas tan importantes como después terminó teniendo tu carrera deportiva?

Sabía que en algún momento se me iba a dar, en algún momento podía tener la posibilidad. No sé si de lograr todo lo que después conseguí, pero sabía que el premio a tanto sacrificio tenía que llegar en algún momento. Uno no empezó a jugar al básquet a los 20 años, yo empecé a los 8. Mi viejo me trae al club porque mi viejo jugaba y como todo me trajo a mi también para que arranque. Me gustó desde el primer momento. Vos hacés ahora escuelita, premini, mini, infantiles, cadetes menores, cadetes mayores, juveniles y primera. Pasaron 10 categorías. Ahora vos preguntame a mí, desde los 8 hasta los 18, cuántas veces salí campeón en inferiores. Nunca. ¿Pensás que cualquier pibe de hoy sigue jugando al básquet si en todos esos años no gana algo? Y a nosotros no es que nos ganaban, nos vapuleaban. Acá en Esperanza jugás contra Santa Fe, porque acá tenés desde siempre dos equipos, Almagro y Alma Juniors, entonces jugamos el torneo de la Asociación Santafesina por lo que cada 15 días viajamos para Santa Fe a juga, una vez de local y otra de visitante. ¿Pero sabés lo que es estar diez años sin ganar ningún torneo, que los chicos que conocés de siempre levanten la copa y vos te vayas a Santa Fe para que te maten a goles? Pero bueno, yo sabía que en algún momento se me iba a dar. Ojo, en el medio de eso algún interasociativo representando a Santa Fe ganaba, pero porque me codeaba justamente con los otros chicos de Santa Fe, armábamos una selección y ganábamos. Pero yo con mi club, no. Y creo que todos esos años de espera, de sacrificio y de creer que en algún momento se me podía dar, terminó sucediendo con este regalo de los ascensos con el TNA y la posibilidad de jugar incluso la Liga A, que como te decía antes, era como estar en Disney, era el premio de haber ascendido el año anterior. Y lo más importante de todo esto es que tuve el privilegio de jugar al básquet hasta los 43 años y haber podido vivir de él.

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