A siete años del último título de La Plata

Ayer se cumplieron siete años del Provincial U13 ganado por el seleccionado platense en la ciudad de Junín, lo que fue hasta nuestros días el último título de La Plata en provinciales. Para recordarlo, Juan Ignacio Pedemonte, Roberto Milillo, Alejo Orquín y Matías Griszka explicaron sus sensaciones con el paso del tiempo y lo que significó para ellos. Además, los dos entrenadores dieron su visión sobre las razones que llevaron a La Plata a este presente.

|Por Alejandro Malky/@alemalky

El plantel estuvo integrado por: Alejo Orquín, Matías Griszka, Yago Sánchez, Felipe Jápez, Mauro Piteo, Ezequiel Skliar, Nicolás Rondinone, Juan Martín Carnero, Franco Cagliani, Julián Barán, Santiago Quinteros y Mauricio Calcagno (los últimos dos eran refuerzos de Esteban Echeverría).

¿Cómo es tu recuerdo de ese torneo provincial?

Juan Ignacio Pedemonte (J.P.): El recuerdo es eterno, en el sentido de que uno cuando deja una huella linda en lo que hace, te queda marcada para toda la vida. Siempre te queda esa sensación linda de haber hecho algo bien.

Matías Griszka (M.G.): Mi recuerdo sobre ese torneo fue único, me acuerdo que perdimos el primer partido contra Junín por muy poco, pero sabíamos que estábamos para dar más. Y fuimos partido tras partido mejorando y bueno, se no dio al final.

Roberto Milillo (R.M.): El recuerdo es imborrable, si te dejas llevar a ese momento se pone la piel de gallina, de defender la última pelota estando cuatro arriba, recordar que Bahía erró faltando seis segundos, agarramos el rebote y ellos no cortaban, se resignaron, y teníamos la pelota del título, ahí recuerdo que emocionados nos abrazamos los cuatro (con Juani (Pedemonte), Bochin (Ponce) y Raúl Cipolla) y gritábamos como locos llorando de alegría: ¡Ganamos , Ganamos!, no lo podíamos creer.

¿Cómo fue la preparación?

J.P.: Arrancamos el año anterior. En 2012 ya habíamos dirigido la U13 y sabíamos que el torneo en 2013 empezaba temprano, entonces le ganamos tiempo. Cuando empezó el año, en febrero ya teníamos los 16 jugadores con los que íbamos a competir. A partir de ahí fue intenso porque en ese mes se tenía tiempo porque los chicos no tenían escuela. Después, a medida que se fue acercando el torneo, fuimos ajustando algunas piezas y después vino el zonal, que fue muy bravo. Ellos nos ganaron bien el primer juego, ellos tenían buen equipo, dimos vuelta la serie acá en La Plata en forma ajustada, y llegamos con un roce importante. Yo creo que es lindo tener un zonal de esa manera aunque a veces te pueda dejar afuera, pero sabés que cuando perdés contra un equipo que te deja afuera, a nosotros nos pasó que esos equipos de Echeverría llegaron al podio. En este caso fuimos nosotros, llevamos dos refuerzos que fueron importantes y se ajustaron al equipo rápidamente, nos dieron una mano bárbara a un equipo que ya tenía buena calidad de jugadores.

M.G.: Me acuerdo que la preparación había sido larga, habíamos entrenado alrededor de 8/9 meses viéndonos una vez por semana, casi siempre entrenábamos en Sud América.

Alejo Orquín (A.O.): Lo más anecdótico de toda esa preparación, si mal no recuerdo, fue que perdimos el primer partido del zonal con Echeverría, y el primer partido del provincial. El primer partido del provincial fue con Junín (el local), que por algo te pone a jugar primero, ya sea para arrancar con una victoria sabiendo que el rival no es de lo más fuerte que pueda haber en el torneo. Y así fue , perdimos ahí nomás. Después le pusimos garra y pudimos ganar los cuatro partidos que quedaban.

R.M.: Le pusimos y los pibes le pusieron mucha garra en la preparación. Dobles turnos, feriados, abrir canchas a las nueve de la mañana. Todo por el sólo amor al básquet y el deseo de hacer las cosas lo mejor posible. A veces a Juani un feriado a las 9 de la mañana lo odié, (risas) pero siempre con todas las selecciones que dirigimos el esfuerzo fue el mismo. A veces el resultado acompañó, otros no. Pero dejamos todo, y los jugadores también, el 110%.

¿Con qué objetivos habían ido al Provincial?

J.M.: Los objetivos eran los de siempre, de tratar de hacer podio. A medida que se iba ajustando el torneo, ir resolviendo sobre la marcha. Es una categoría en la que no hay mucha información de los rivales, entonces es difícil saber en dónde arrancás. Cuando llegamos al primer partido y vimos, en ese entonces estaba jugando Bahía con San Nicolás, nos miramos con Milillo y dijimos «podemos», porque no habían demostrado mucho más que nosotros. 

M.G.: Fuimos sin ningún objetivo, porque no sabíamos nada de ningún equipo, éramos unos nenes que sólo fueron a divertirse pero nos llevo por sorpresa llegar al último partido sabiendo que si ganábamos salíamos campeones.

A.O.: El objetivo siempre fue ganar, lógico, y como pre infantiles es la primera categoría que sale a jugar afuera de la ciudad este tipo de competencia era una experiencia totalmente nueva para todos, tanto los rivales como para nosotros.

R.M.: El objetivo era hacer el papel más digno posible. Ir partido a partido. Ya del zonal sabíamos que no nos sobraba nada, pero que garra y actitud sobraba. Se había perdido por 20 el primer partido del zonal, y lo dieron vuelta, así que por ese lado estábamos tranquilos que íbamos a pelearla.

¿Cómo se desarrolló ese torneo?

R.M.: Empezamos perdiendo con Junín, el local, nos lo dieron vuelta en el último cuarto, pero jugamos bien, pasaron dos o tres cosas que nos hicieron perder el primer partido. Eso, y viendo a Bahía y a Mar del Plata, nos llevaron a saber que podíamos, estábamos lejos, pero no tanto. En la tercera fecha, Bahía Blanca le gana a Mar del Plata y los dejó medio tambaleando, nos tocaron los marplatenses en la cuarta y les ganamos por 20, el mejor partido jugamos, tremendo. Nos fuimos a cenar, y en ese momento Bahía le gana a Junín y empezaron a festejar ya casi el campeonato, sólo les quedaba Bahía a la mañana siguiente. Las caras nuestras en el postre fue de: Que lindo sería, sería soñado. Y pasó nomás, fue emocionante.

J.M.: Llegó el primer partido ante Junín, la cancha llena, todo el nerviosismo que conlleva el primer partido de un provincial, más en esas edades, y perdimos feo, no por la diferencia de puntos, pero nos costó mucho el partido, tuvimos muchos errores. Ahí hubo cambio de chip, charlamos a la noche, hubo un cambio en la concentración, les hicimos entender a los chicos que, más allá del nerviosismo, tenían que disfrutarlo. El segundo partido con San Nicolás éramos un poco más, pero nos costó y jugamos mal. La clave fue ganarle a Mar del Plata a la noche, creo que ahí nos abrió el camino para conseguir lo que se consiguió jugando una final con Bahía, que sabemos todo lo que conlleva, pero se ganó bien el Provincial.

M.G.: El torneo se había desarrollado con el modelo viejo de los provinciales, donde eran todos contra todos y tenias que especular para ver quien tenía que perder o ganar para salir campeón, justo a nosotros se nos dio que perdimos el primero y fuimos ganando el resto de los partidos hasta que llegamos al último sabiendo que si ganábamos salíamos campeones.

A.O.: El cuerpo técnico de primera, a la altura de las circunstancias siempre, con una capacidad única para trasmitirnos las cosas siendo tan chicos nosotros. Gran mérito de ellos. En las malas siempre (ya sea después de un partido perdido o un mal momento durante el partido) siempre daban una charla acorde al momento que levantaban el ánimo, nos motivaban y nos agrandaban.

¿Cómo ves ese logro a 7 años ya?

M.G.: El logro lo veo como algo hermoso, sin dudas me encantaría volver a repetirlo y vivenciar ese momento, el cosquilleo en la panza, la euforia y el alivio que nos dio ese partido final.

A.O.: Lo veo como un muy lindo recuerdo, fue bastante loco lo qué pasó ya que nuestra ciudad no es común que gane ese tipo de torneos.

R.M.: A 7 años , y viendo pasar los Provinciales, me parece INCREÍBLE… Ya habíamos salido segundos con el Tulo Rivero una vez, y con Alejandro Succi ( con Juani Pedemonte de jugador) otra vez en Mar del Plata. Pero esto fue un sueño, y cada vez lo veo más irrepetible, lamentablemente. Creo que hubo trabajo, hubo humildad, sacrificio , y también Suerte, es así. Hay que estar en el lugar justo, en el momento justo! Y no dejarla pasar. Nosotros capaz que por plantel, éramos menos que Bahía y que Mar del Plata, pero el corazón y el hambre que tenía ese plantel no lo tenía nadie. Ese fue el secreto. Éramos 17 guerreros jugando y o dirigiendo básquet, con nuestras armas, y lo logramos. Sólo nosotros creíamos que era posible, y Juani logró transmitirlo y los chicos lo entendieron. Un verdadero equipo.

¿Por qué pensás que fue el último equipo platense en salir campeón de un provincial?

J.P.: Claramente es porque las cosas no se están haciendo bien. Hay que tener un poco de autocrítica de todos lados. No solo es la culpa de los dirigentes, ni de los técnicos ni de los jugadores, es de todos. Cada uno tiene que entender que las cosas por este camino no van bien. Está claro que se debe entrenar más, que se debe enseñar mejor y que se tienen que organizar mejor las cosas, porque es un juego, no hay mucho misterio. Es como estudiar, si uno se saca un cuatro, la culpa no es del profesor nada más, por ahí tendrá su culpa, pero el tema es que tenés que estudiar más para pasar el examen. Acá es lo mismo, si tirás diez triples y no le metés ninguno, tendrás que ir a tirar más, tu profesor deberá enseñarte más y los dirigentes tendrán que buscar la forma para que todo eso fluya mejor.

R.M.: Ahora noto los torneos menos competitivos, se juegan menos partidos peleados, el jugador de selección con poco hace 30 por partido y se cree bueno, no hay oposición férrea y dura en los partidos, y eso nivela para abajo. Yo agarraría a los 16/18 mejores de cada camada y una o dos veces por semana todo el año los haría entrenar juntos, que levanten su nivel individual, que se rompan el lomo y la cabeza por mejorar, pero debe haber una mentalidad para ello. Tanto de jugadores como de arriba.